Malos hábitos sexuales masculinos


Debido a una serie de mitos, modelos culturales y errores, el hombre creerá que lo hace muy bien, cuando en realidad su pareja no está sintiendo nada.
Una relación sexual basada en la penetración es monótona y precaria. Por lo general, los hombres que van directos al coito son muy malos amantes, por mucho que duren.




Ausencias de caricias 

Es habitual que muchos varones no sepan o no se preocupen demasiado por acariciar a sus parejas en los contactos íntimos. Sin embargo todo varón sabe de lo importante y necesario que, especialmente para la pareja femenina, suponen las caricias y roces para funcionar bien en las relaciones sexuales. No saber satisfacer estas necesidades nos convierte a muchos hombres en incompetentes sexuales y pone en serio peligro las relaciones afectivas.

Vamos a hablar sin tapujos. Conviene no caer en el error de pensar que la mujer es menos sexual que el hombre.  A la mujer le encanta el sexo y suele ser más exigente en cuanto a su satisfacción personal. Cuando esto no ocurre, las causas de la apatía femenina probablemente se encuentran más en ellos que en ellas, es decir, en relaciones rutinarias y precipitadas.

Las buenas experiencias y hábitos en el sexo a veces solo la practican los hombres con las palabras, especialmente en las tertulias con otros hombres.. Afortunadamente, y como todo cambia, a esto quizás también le llegue su hora.


Pero ¿a qué se debe que muchos hombres no se diviertan ni exciten acariciando a sus parejas?

Las razones son diversas y complejas. Pero lo habitual es que esta falta de hábito venga determinada por aprendizajes culturales y psicosociales. Sufrimos de una formación moralista e ideológica en la que el hombre es dominador y recpetor, y que atribuye a la mujer el papel de monologuista en eso del dar y del no recibir.

Casi todos los hombres, incluídos los que empizan a despuntar ahora al mundo de la sexualidad, estamos moldeados por patrones ideológicos de dominación. Nos han criado en la creencia de ser penetradores de nuestra propia satisfacción. El coito es lo que tenemos entre ceja y ceja;  nos lo ha inculcado la cultura sexista y estereotipada de nuestros padres. A veces, incluso de nuestros padres y nuestras madres, también.


Existe evidencia de que el consumo de pornografía de manera habitual produce una disminución del deseo físico y emocional en relación a nuestra pareja y, por el contrario ansias de satisfacción apremiantes. En los comportamientos sexuales masculinos relacionados con la escacez o ausencia de caricias también tiene que ver, y mucho, la estigmatizcion de la masturbación.

En el domicilio familiar, muchos adolescentes y jovenes adultos practican una masturbación contra reloj, carente de preámbulos, y de pensamientos focalizados en la penetración mayormente y en la felación. No es difícil que estas conductas se contagien en nuestras relaciones de pareja.

Afortunadamente, muchos hombres se esfuerzan en cambiar estos malos hábitos, y muchos de nuestros jovenes, igualmente, empiezan a comprender y practicar el lenguaje de las caricias como un diálogo.

Rutina....y rutina posicional


La rutina es una de las causas más habituales de separación en la pareja. Provoca fracasos amororos fulminantes entre los jóvenes y un hastío insoportable entre parejas de largo recorrido. Una relación sin sorpresas, si cierto misterio romántico, sin detalles, tiene dificultades para mantener una continuidad satisfactoria. Si a esto le sumamos la rutina sexual el problema se agiganta notablemente.

Ocurre que la falta de preambulos , caricias y roces se continúa con una posición coital casi mecanizada, como el misionero o el "ponte tu arriba", y que pueden acabar con el fingimiento del orgasmo. Todavía prevalece en nuestra cultura la bochornosa idea de que la mujer, en el sexo, debe ser "amable" y prevalecer la satisfacción del varón. Esta situación se produce principalmente entre esposas y madres que viven directamentel el rol sexista de "una obligación inapetente", que no hace otra cosa que perpetuar la monotonía en la sexualidad.


Miedos.

Hombres y mujeres no escpan de poder ser calificados como "malos en la cama". Una de las razones tiene que ver con los miedos a comunicar emociones y deseos. Incluso mediando una excelente atracción sexual, la relación tiende a desinflarse si no conocemos lo que nos gusta y aprendemos lo que le gusta a nuestra pareja.

Este problema de comunicación puede conllevar a lo que se conoce como síndrome del cansancio afectivo; las rutinas antes señaladas dificultan el acercamiento necesario para mejorar la comunicación y para que cada uno se enriquezca con las diferencias del otro. La ignorancia de los gustos, apetencias y necesidades del otro miembro de la pareja esquiva la complicidad. La complicidad en las relaciones sexuales y de pareja, como en casi todo en la vida, es imprescindible para sentir que jugamos juntos en el mismo equipo.

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