¿Soy un adicto a la pornografía?

Medicina psicosomática, psicología, salud, trastornos mentales, psicoterapia, ansiedad, depresión
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La pornografía estimula a corto plazo la producción de dopamina. Cada vez hay más evidencias científicas que sostienen esta idea. La dopamina cumple muchas funciones y maneja muchas actividades importantes en el cuerpo humano como el comportamiento, la cognición, las actividades motoras, las motivaciones, el placer, el sueño, el humor y diferentes aspectos relacionados con la atención y el aprendizaje. Pero también es un neurotransmisor relacionado con las adicciones. Como ocurre con algunas drogas que estimulan la producción de esta hormona, la pornografía agita rápidamente las moléculas del placer. Algunas personas acaban necesitando consumir cada vez más pornografía para evitar el efecto tolerancia, es decir, se necesita consumir cada vez más pornografía para lograr la excitación sexual. De igual manera en esta adicción psicológica se produce síndrome de abstinencia, por lo que es habitual que la persona de conducta obsesiva en cuanto a la pornografía necesite psicoterapia para superar el problema.  En este sentido, y si bien es cierto que el consumo compulsivo de pornografía puede acabar insensibilizando de forma progresiva la sexualidad, especialmente de los hombres hacia el atractivo erótico de sus propias parejas, hay que desmitificar unas cuantas creencias sobre el uso de la pornografía para poder establecer claramente  lo que sería un uso no problemático de la misma, de lo que es un problema de adicción a la pornografía y al sexo en muchos casos.
Antes de continuar hablando de este tema, les describo algunos de esos mitos falsos que es necesario conocer y superar:









La pornografía no es tan inofensiva como les parece a muchos. La mayor parte de las películas degradan a las mujeres, también a los hombres, pero al final es la mujer la que se ve más afectada por la imagen distorsionada con la que se degrada su cuerpo. En las imágenes pornográficas la mujer tiende a ser dominada y hasta incluso maltratada, pero en ambos casos manifestando placer ante esas conductas machistas. Este aspecto es especialmente vinculante con la adicción al sexo y al porno de muchos hombres, y también de algunas mujeres en las que además se puede añadir un problema de dependencia emocional. En una encuesta realizada por el magazin Christian Women en sus lectoras, el 40% de las mujeres entrevistadas se consideraban adictas a la pornografía.





El consumo de pornografía  esporádico y controlado no es malo, incluso puede ser una propuesta de terapia sexual, siempre utilizando algunas producciones cinematográficas de este género adecuadas al objetivo terapéutico (lo que excluye cualquier tipo de producción que contenga el mínimo contenido vejatorio, degradante o violento). Sin embargo cuando se vuelve una práctica compulsiva y descontrolada el problema es muy serio y complejo que acaba por requerir ayuda psicológica. Como ocurre con todas las adicciones, cuando el problema escapa al control voluntario entramos en una situación de trastorno patológico, generalmente crónico que se agrava mediante la negación y el autoengaño, esto se debe a su gran rechazo social.


Algunos recursos de autoayuda


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