Cáncer, Personalidad y Depresión

Medicina psicosomática, psicología, salud, trastornos mentales, psicoterapia, ansiedad, depresión
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El modelo exclusivamente naturalista del hombre, en el que se ha centrado la medicina hasta hoy mismo, ha venido impidiendo que el conocimiento psicológico del cáncer tuviese un desarrollo paralelo al logrado en el campo médico. Aunque durante siglos se han producido estudios y aproximaciones a las posibles relaciones entre cáncer y características psicológicas de las personas que lo padecen; no es, hasta hace relativamente bien poco, que se ha despertado una auténtica preocupación por el análisis de la existencia de diferencias de personalidad que hagan a unos individuos más propensos o vulnerables a desarrollar algunos tipos de cáncer o que afecten a su curso o pronóstico. En este sentido existe evidencia de que la tendencia a la falta de expresión y la negación de emociones en personas extremadamente racionales, tiene una incidencia mayor de cáncer. También cursan con la aparición o el agravamiento de enfermedades cancerosas, la depresión y los altos niveles de sentimientos de indefensión y de pesimismo.
No obstante la polémica de si los factores psicosociales actúan como precursores o potenciadores de cáncer y de la existencia o no de un patrón de personalidad proclive a las enfermedades oncológicas, el hecho es que los problemas sociales, los acontecimientos vitales estresantes o la depresión, pueden causar tales estragos en algunas personas, que las hacen más vulnerables a la somatización de enfermedades crónicas, actuando en muchos casos como acelerantes de las enfermedades cancerosas. De igual manera existen numerosos estudios que nos revelan que los enfermos de cáncer que desarrollan una actitud de lucha y de negación a la derrota presentan un índice de supervivencia significativamente mayor, que los que se abandonan a su suerte o reaccionan con desamparo y desesperanza. Los factores psicológicos, que actúan principalmente como potenciadores de cáncer, no pueden continuar siendo algo residual, a lo que se le presta escasa atención. El estudio de los patrones comportamentales y de personalidad, han de pasar a formar parte del abordaje terapéutico de las enfermedades cancerosas, desde su prevención hasta su curso, pronóstico y tratamiento.


Es especialmente relevante la relación del cáncer con los patrones de conducta tipo C, personas poco asertivas, pero que suelen mantener muy buenas relaciones con los demás. Los tipo C presentan unas estrategias de afrontamiento del cáncer que pueden considerarse como características de las personas proclives a padecer cáncer, así, la depresión, como factor adicional en el desarrollo y aparición clínica de la enfermedad, tanto a nivel premórbido o previa al surgimiento del cáncer, o como reacción ante el diagnóstico y tratamiento del mismo, puede acentuar en estos individuos. en un porcentaje mucho mayor que en otras personalidades, el riesgo de inmunodepresión, sobre todo de la actividad de las células NK (linfocitos de defensa inmunitaria no específica). Se ha encontrado que la baja actividad de estas células tiene mucho que ver con los estados de deficiente apoyo social y familiar, y que la intervención psicológica que potencia en estos pacientes los vínculos de apoyo social y mejora las relaciones familiares, consigue un incremento notable del tiempo de supervivencia en mujeres que padecen cáncer de mama metastático. Esto se debe a que el apoyo social percibido positivamente por la paciente mejora la adaptación ante los acontecimientos estresantes, presenta más conductas preventivas, muestra mayor adhesión a los tratamientos y el impacto de la enfermedad sobre ellas es mucho menos estresante. Por el contrario, el aislamiento, la soledad, el desamparo y la desesperanza, que se manifiestan en estas fluctuaciones del estado de ánimo se ha llegado a asociar incluso con la aparición de melanomas y con el cáncer de mama de una forma contundente (Temoskoh, 1987).

El patrón de afrontamiento tipo C consiste, en general, en la supresión de las propias necesidades en favor de las de otras personas, lo que conlleva la supresión de las emociones negativas, como la ira, la cólera o la agresividad,  con lo que  el individuo da la impresión de ser cooperativo, no asertivo, sosegado y sumiso. Este estilo de afrontamiento presenta una fachada de amabilidad, comprensión y paciencia que permite al individuo mantener  su propia autoestima y un ajuste del  equilibrio psicológico bastante bueno. Sin embargo, un bloqueo duradero de las propias necesidades y deseos, de la represión de las emociones negativas, acarrea consecuencias biológicas y psicológicas no deseables. Así, por ejemplo, lo que puede haber empezado como una supresión consciente de un dolor físico para no molestar a otras personas, puede fácilmente acabar convirtiéndose en una conducta habitual de ignorancia o incluso de no reconocimiento de síntomas biológicos como el dolor o la fatiga, de igual manera puede suceder a nivel psicológico con la tristeza, el temor o la soledad. La creencia de inutilidad para expresar emociones y sentimientos ocultándolos bajo una máscara de normalidad y autosuficiencia, que se establece en muchas de estas personalidades (es palpable en muchos de nuestros ancianos), puede acabar desembocando en depresión y, conforme a la Dra. Temoskoh, se crea el escenario adecuado para la activación de una enfermedad cancerosa. Pero, ¿por qué cáncer y no otra enfermedad cualquiera? La respuesta a esta pregunta en fácilmente comprensible. Las condiciones de alto estrés ambiental exigen respuestas de afrontamiento al más alto nivel de organización mental, pudiendo dar lugar a la activación de los mecanismos de defensa de bloqueo psicológico. Cuando esto ocurre, el fracaso para afrontar adecuadamente las situaciones estresantes genera la aparición del binomio sintomático de desamparo/depresión cuyas consecuencias biológicas más inmediatas son graves desequilibrios neuroendocrinos e inmunológicos. La influencia psico-neuro-inmunológica sobre el cáncer suele darse sobre la actividad del sistema simpático-adrenomedular o sobre la actividad pituitaria-adrenocortical, independientemente la una de la otra, cualquiera de los dos sistemas podría ser suficiente para provocar la enfermedad, porque ambos pueden alterar el DNA (que contiene las instrucciones genéticas de la herencia) o disminuir la actividad de las células NK.
Aun cuando los determinantes más importantes del cáncer sean biológicos, el hecho de que para algunos cánceres la conducta sea importante, hace que la intervención psicológica adquiera un papel relevante, ya que posibilita que el paciente manifieste sus emociones, desarrolle un estilo de afrontamiento más adecuado a la enfermedad. En este sentido, las líneas de la intervención psicológica en pacientes oncológicos deben abordar, conforme al Dr. Marín (2014)[1]:
  1. La prevención, como la eliminación de hábitos de consumo de sustancias de riesgo, la adopción de hábitos saludables, la predisposición a conductas que faciliten la detección temprana de tumores.
  2. La información adecuada de todos aquellos aspectos de los que debe ser consciente el paciente y su familia en relación con la enfermedad. Los pacientes informados correctamente muestran una mejor adaptación social a largo plazo.
  3.   La preparación para la hospitalización y tratamiento, con el objetivo de reducir la ansiedad y el impacto estresor, controlando las reacciones emocionales y repertorios de afrontamiento ante la hospitalización y la cirugía.
  4. En los tratamientos tras el diagnóstico de cáncer, con la finalidad de reducir la ansiedad, depresión y reacciones emocionales desadaptativas, promover un sentido de control personal y participación activa. Facilitar la comunicación del paciente con su familia.
  5.  Tratamientos asociados a la patología del cáncer o tratamientos médicos del cáncer.
  6.   Intervención en la fase terminal, con el objetivo de paliar el proceso en la medida de lo posible, tanto del paciente como de sus familiares.
  7. Selección y entrenamiento del personal voluntario que sirve de apoyo social a las intervenciones médicas y psicológicas.
  8. Entrenamiento en el afrontamiento del estrés para personal médico y de enfermería: dirigido al entrenamiento de habilidades para la relación terapéutica, así como dotar de estrategias para el manejo de situaciones problemáticas ante el paciente oncológico.

[1] Psiquiatra y psicoterapeuta. Presidente de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia.


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