Miedo a conducir automóviles o amaxofobia
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Espero que el contenido de este artículo sea de tú interés Les invito a leer otros de mis blogs
A Propósito de Ti y de Mí ; SocioPsicología HOY
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El miedo es una emoción que nos permite adaptarnos y poner en marcha un mecanismo de supervivencia que nos prepara para responder ante situaciones amenazantes. En estas circunstancias el miedo es algo normal e incluso beneficioso. Sin miedo ante las situaciones reales de peligro haría su aparición la temeridad.
Sin embargo, cuando la emoción asociada al miedo aparece distorsionada, exagerada y no controlada la ansiedad será excesiva y se producirá la evitación temida. Así una persona puede ver peligros reales o imaginarios que estás más allá de lo probable y posible, anticipando un sufrimiento que le afecta a su vida.
Cuando hablamos de miedo a conducir un automóvil, o amaxofobia, nos referimos a un miedo intenso e irracional al hecho mismo de la conducción o a la anticipación de esta situación (nos genera ansiedad el sólo pensar que tenemos que coger el vehículo). El amaxofóbico/a es consciente de este problema, pero se ve incapaz para afrontar la ansiedad que le provoca este trastorno.
Existen
tres componentes que ayudan a definir la fobia a conducir:
Nivel
cognitivo: la persona tiene pensamientos catastrofistas relacionados con sufrir
un accidente, experimentar ansiedad, o
perder el control. En definitiva,
miedo a morir y/o provocar la muerte a otros.
Nivel
emocional o fisiológico: la persona experimenta ansiedad, inseguridad, tensión muscular, rigidez, aumento del ritmo
cardíaco, sudoración, náuseas, diarrea, mareo, sensación de flojedad en brazos
o piernas, visión borrosa.
Nivel
conductual: la persona evita conducir o
conduce sólo si se dan algunas circunstancias específicas: conducir
acompañada, conducir sólo por algunas vías, llevar medicación, conducir a baja
velocidad, hablar por teléfono para distraerse de los pensamientos negativos y
tranquilizarse, etc.
La principal causa de que esta conducta de evitación, (en el caso de la conducción, no conducir), se convierta en algo crónico y difícil de superar es, precisamente las sensaciones placenteras que la persona siente cuando se aleja de los estímulos temidos (vehículos, vías, carreteras, etc.). De ahí que el tratamiento más efectivo es hacer, precisamente, lo contario a la evitación, es decir, la exposición al estímulo fóbico de forma controlada y bajo supervisión. Hay que tener siempre muy presente que la persona que padece esta fobia subestima su capacidad de enfrentamiento porque le resulta casi imposible dejar de pensar catastróficamente acerca de las posibles consecuencias que puede acarrearle circular por calles y carreteras.
Se trata de un trastorno de ansiedad tipo fóbico que afecta casi por igual a hombres que a mujeres, especialmente en las últimas décadas en que la mujer se ha incorporado mayoritariamente a la conducción de automóviles privados, y la afección se manifiesta con diferentes grados de intensidad que van, desde un trastorno leve que no impide conducir, aunque se procura hacerlo solamente en caso de necesidad, como la de acudir al puesto de trabajo, hasta la incapacidad total para coger el volante. Los hay quienes sufren con sólo imaginarse conduciendo y hasta quienes experimentan ansiedad sin ni siquiera tener permiso de conducir.
Un buen número de estos pacientes adquieren este trastorno fóbico como consecuencia del estrés postraumático posterior a un accidente de tráfico. Otros tienen que ver con deficiencias en la formación, en el hecho de que nunca llegaron a conducir después de obtener el permiso o que llevan mucho tiempo sin hacerlo. Sin embargo lo más habitual es que el estado fóbico sea consecuencia de problemas psicológicos relacionados con la ansiedad, el estrés, la baja autoestima, etc.
Una manifestación de la amaxofobia también bastante común son los ataques de pánico repentinos y sin motivo aparente, que tienen su origen en la aparición de una primera crisis de ansiedad a raíz de la cual se desarrollan diferentes manifestaciones del miedo, especialmente relacionadas con la falta de control a situaciones relacionadas con el tráfico. Existe también la probabilidad de que el miedo a conducir tenga su origen antecedentes de ansiedad y depresión.
Se trata de un trastorno de difícil comprensión para muchas de las personas que rodean al paciente ni a ellos les resulta sencillo explicar la angustia por la que pasan, por lo que muchas veces estas personas tienden a ocultar el problema o a buscar mil excusas socialmente aceptables para no revelarlo ante los demás.
Pero...
¿El miedo fóbico a conducir, se cura?
Si, la amaxofobia se supera, y además en no mucho tiempo. Todo depende de la persona y de las complicaciones de esta (como la comorbilidad con otras patologías) que refuercen la patología fóbica. En la actualidad el tratamiento que se ha mostrado más eficaz es el de la exposición: el paciente bajo supervisión, se va enfrentando progresivamente a la situación/nes del tráfico que le produce temor, hasta superarlo. Se usa también la ‹desensibilización sistemática› similar a la exposición pero en su propia imaginación, y la ‹terapia cognitiva›, para ayudarles a cambiar su pensamiento. Asimismo algunas técnicas de relajación y respiración son de mucha utilidad para aliviar los síntomas.
