El niño triangulado
Bienvenidos a mi blog
Espero que el contenido de este artículo sea de tú interés Les invito a leer otros de mis blogs
A Propósito de Ti y de Mí ; SocioPsicología HOY
Espero que el contenido de este artículo sea de tú interés Les invito a leer otros de mis blogs
A Propósito de Ti y de Mí ; SocioPsicología HOY
“De buenas intenciones está empedrado el camino hacia el infierno”, dice un refrán popular, tratando de representar el hecho de que en ocasiones hacemos daño a los demás, o nos lo hacemos a nosotros mismos, queriendo hacer un bien o de ayudar. Las relaciones en los microsistemas familiares, cuando son disfuncionales y conflictivas, son las situaciones propicias para que este fenómeno se presente con mayor o menor intensidad. Esto se debe a que queremos a las personas con las que convivimos, aunque terminamos complicando su situación; lo habitual en estos casos es que este hecho se produzca porque no actuamos con suficiente conocimiento de lo que pasa y nos guiamos más bien por señales poco claras o ambiguas. Un ejemplo de esto lo encontramos en el empeño de la pareja separada por mantener una relación continua (organizan los cumpleaños juntos, se ven continuamente para llevar a los niños al parque, los aíslan de sus nuevas relaciones, etc.), creando falsas expectativas e ilusiones de reagrupamiento familiar y generando sufrimiento en los niños cuando estos se percatan que la realidad es bien diferente. Esto, como he comentado, en el mejor de los casos, porque en otros se produce con demasiada frecuencia el fenómeno de la triangulación, que es de lo que vamos a hablar aquí.
La falta de
comunicación es el principal factor que acaba con las unidades familiares, de
hecho en casi todas las causas de ruptura de las parejas subyace un problema
crónico de mala o inexistente comunicación. En muchos casos (es lamentablemente
bastante frecuente), esta incomunicación genera un fenómeno disfuncional que
conocemos como triangulación. Se trata de una situación familiar en la que uno
de los miembros de la familia no se comunica con otro y utiliza a un tercero,
por lo general uno de los hijos de la pareja para mantener la relación con
aquél. Suele pasar que esta utilización del niño sea con intenciones de
ignorar, incomodar e incluso agredir emocionalmente. En las relaciones diádicas
de conflicto entre los miembros de una pareja en las que se incluye un tercer
miembro de la familia (el niño/a) por parte de uno o ambos, tiene una intención
difamatoria, las alianzas abiertas o encubiertas que se mantienen con ese
hijo/a acaban generando una conducta problemática por parte de éste, que en los
peores casos de manipulación del niño acaban por convertirle en cabeza de turco
de los conflictos de los adultos. La triangulación es un comportamiento dañino
por el que uno utiliza al niño en contra del otro sin pararse a pensar las
tremendas consecuencias y deterioro psicológico que esta actitud provoca en el
niño y en su futuro. Se trata de conductas extrañas y patológicas producto del
miedo, del desconocimiento, de la incompetencia, de la personalidad alexitímica
(incapacidad para identificar y describir emociones y sentimientos en uno mismo
y en los demás), y en algunos caso, aunque los que menos, por problemas de
trastorno psicótico. En su inmensa mayoría los padres que actúan de esta manera
son personas a las que podemos considerar dentro de la normalidad, aunque con
tendencias neuroticistas (inestabilidad emocional) y ansiedad recurrente.
Indefensión ante el
autoritarismo del otro, infidelidad, o abandono son los argumentos más
utilizados por el que promueve la triangulación, generalmente en el contexto de
“guerra fría” de la relación conyugal. La percepción de debilidad de este
miembro de la pareja es lo que lleva al niño en su inocencia a sellar la
alianza con éste y enfrentarse al más “fuerte”, cargando con una
responsabilidad y con una iniciativa que le supera y le destroza la infancia. Lo
habitual es que esta trinidad sea – Perseguidor (padre) - Salvador (hija/o) – Víctima (madre) –. Como consecuencia de esta
situación es relativamente fácil encontrar al hijo con dolencias psicosomáticos (especialmente de
carácter gastrointestinal) y perturbaciones psicológicas de tipo ansioso o
depresivo. Lo duro de digerir en la triangulación familiar es que son los
padres los que no se entienden, pero son los hijos los que pagan casi todas las
consecuencias. Hace ya algunas décadas que un equipo de psicólogos italianos
agrupados en torno a la llamada “escuela de Milán”, reflexionó sobre este
fenómeno y lo identificó como una de las principales causas familiares para el
surgimiento de patologías severas en los niños, como psicosis, trastornos de la
alimentación, depresión. Lo bautizó como el “gran embrollo familiar” y lo
catalogó como uno de los “juegos psicóticos familiares” más peligrosas para la
salud mental y física de los niños y adolescentes. Lo de juego, evidentemente,
no se aplica porque resulte algo divertido, sino porque es un proceso en el que
intervienen varios participantes (jugadores) que compiten entre sí, que siguen
reglas (ocultas y negadas) donde la que más destaca es la de no perder a toda
costa. En este plan todo es posible, incluso el desarrollar alguna enfermedad
mental con tal de ganar u obtener ventaja competitiva sobre el contrincante.
La recomendación para terapeutas que se encuentren ante este tipo de problemas es la de la utilización de técnicas e intervenciones terapéuticas sistémica como la Prescripción Invariables, de gran utilidad y comprobada eficacia. Muy en síntesis, la Prescripción invariable es un instrumento terapéutico a utilizar cuando el paciente identificado es cualquiera de los hijos de una pareja donde se está produciendo un conflicto mediado por la triangulación psicótica. Su objetivo es que todos los miembros de la familia comprendan que el problema es consecuencia de una falta de diferenciación entre los subsistemas parental y filial.
