Las emociones pesan en la báscula
Bienvenidos a mi blog
Espero que el contenido de este artículo sea de tú interés Les invito a leer otros de mis blogs
A Propósito de Ti y de Mí ; SocioPsicología HOY
Espero que el contenido de este artículo sea de tú interés Les invito a leer otros de mis blogs
A Propósito de Ti y de Mí ; SocioPsicología HOY
A muchas mujeres y también a
algunos hombres (cada vez más), les preocupa sobremanera que les sobren unos
pocos kilos y les falta, sobre todo, quererse un poco más, lo primero lo saben,
lo segundo lo sospechan o directamente lo ignoran. En estos casos nos
encontramos con personas que prefieren pelearse con los kilos que con sus
emociones. Este patrón de conducta subyace a muchos de los trastornos de la
alimentación que habitan las salas de espera de atención primaria o que nos
encontramos los psicólogos en consulta. Vivir pendientes de la dieta y del peso
es un sabotaje autoinflingido para la mayoría de estas personas, en las que
genera una insatisfacción y una incertidumbre tal que les impide disfrutar de
todo aquello que han conseguido en sus vidas.
Se empieza con una dieta para
sentirse mejor con uno mismo, para gustarse más y para resultar más atractivas y
atractivos para los demás. Hasta ahí nada resulta extraño ni sospechoso de
esconder un conflicto psicológico. El problema surge cuando la sensibilidad,
especialmente femenina, para detectar los kilos de más pone al descubierto la
obsesión de que siempre les falta algo para alcanzar una imagen perfecta, y
esta ansiedad se paga con un trastorno de la alimentación, por defecto hasta
llegar al borde de la inanición o por exceso donde las crisis solo se calman
con comida abundante y purgas de culpabilidad. Sea de una manera o de otra, o
sea como fuese, las obsesiones por el peso y la imagen traducen casi todos los
conflictos cotidianos en problemas con la comida. Ocurre que incluso cuando se
consigue una aproximación efectiva al “peso ideado”, los pensamientos juegan
una mala pasada y distorsionan la percepción de uno mismo de manera que impulsa
a comer más y volver al conflicto de una imagen que no gusta. La mala gestión
de algunas emociones y sentimientos (un desengaño, el desempleo, la baja
autoestima) activa esta conducta impulsiva en un santiamén.
¿Qué conduce a una mujer sensata
a emprender dietas disparatadas o regímenes autodestructivos?
En general las influencias
socioculturales (el culto a la delgadez), a las que se adhieren conflictos
psicológicos y predisponentes biológicos también, marcan desde la niñez y la
adolescencia este tipo de trastornos que nos hacen naufragar en lo
inconveniente, en la impotencia y en la culpa. La cultura de la perfección y el
éxito nos come la moral y nos sumerge en el mundo machiavelano “del fin justifica los medios”, el culto
a la imagen desencadena factores psicosociales de ansiedad y depresión que nos
hace vulnerables a las prácticas de riesgo.
Pero, ¿qué podemos hacer?
Solamente conociendo los factores
emocionales podremos reforzar los hábitos saludables que nos permitan controlar
el peso. Por ello, para los comedores emocionales (los que comen y los que no
comen) se recomienda psicoterapia cognitiva para controlar mejora las
emociones, una dieta sana y practicar ejercicio regularmente.
