La Depresión Enmascarada

Medicina psicosomática, psicología, salud, trastornos mentales, psicoterapia, ansiedad, depresión

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Cuando psiquiatras y psicólogos comenzamos una consulta diaria se diría que ya sabemos que de todas las personas que esperan en la antesala, al menos un 50% padecen depresión, algunos con Trastorno Depresivo Mayor y otros con síntomas más moderados, aunque crónicos propios de una Distimia. En estas consultas, generalmente también, las personas que acuden por aflicciones del estado de ánimo no patológicas (como las que están viviendo un duelo) o cuyos trastornos del estado de ánimo se deban a enfermedad médica o consumo de sustancias, suelen estar bien diagnosticadas y en poco tiempo siguen tratamientos que suelen ser efectivos en un 80% de los casos. En su conjunto todos estos pacientes tienen conciencia clara de cuál es su situación. Sin embargo, en la consulta médica generalista, en la que el facultativo puede disponer de datos que indican que aproximadamente el 20% de los pacientes que acuden cada día a su consulta tienen un trastorno depresivo, una gran parte de éstos no tienen conciencia ni ha sido diagnosticados por depresión. Esto se debe a que, conforme al a OMS, una gran parte de las depresiones en atención primaria no se detectan porque no cursan con síntomas depresivos clínicamente observables, debido a que los síntomas afectivos quedan en un segundo plano, relegados por molestias psicosomáticas de carácter físico y conductual. En muchos de estos casos estamos ante una “depresión enmascarada” o “equivalente depresivo”. La depresión enmascarada es aquella en loa que los síntomas afectivos quedan relegados a un segundo plano y la manifestación clínica es a través del plano somático, lo que a veces conduce a errores diagnósticos. Por ejemplo, el estado de ánimo base de los Trastornos Psicosomáticos y neuróticos es típicamente la ansiedad, pero también puede ser la tristeza. En jóvenes, más frecuente que una depresión clara, se expresan equivalentes depresivos como Trastornos Psicosomáticos. En las consultas de los médicos generalistas la depresión puede enmascararse entre síntomas psíquicos y síntomas corporales. Los síntomas psíquicos suelen manifestarse como la hipocondría, los trastornos alimentarios, el “accidentismo” (tendencia a sufrir accidentes), conductas autodestructivas o de riesgo, dismorfofobia (síndrome de distorsión de la propia imagen) y otras fobias, pseudodemencias y ciertas formas de delincuencia como la cleptomanía. Por su parte, las máscaras somáticas se manifiestan como cefaleas, síndromes cervicales, fibromialgia; diversos trastornos sensoriales (como el vértigo); lipotimias, temblores, tics, trastornos digestivos (como colitis, diarreas, meteorismo); hipertensión arterial, trastornos del ritmo; disnea, rinitis, alopecia areata, impotencia y frigidez.


Pero la máscara más eficaz tras la que se esconde la depresión es que no se diagnostica positivamente más que lo que se conoce y se busca en la exploración biomédica. La cada vez más influyente concepción biopsicosocial de la salud puede llegar a cambiar esta realidad. Para ello se analizan y comparan las actividades y rendimientos de la persona en su vida cotidiana. Indicios como el que las personas se descuidan o han perdido espontaneidad en las expresiones, nos ponen sobre la pista de que detrás de una manifestación hipocondríaca o de una rinitis, podemos encontrar una depresión. En este sentido parece claro que la evaluación multidisciplinar sería muy aconsejable en la atención primaria de la salud.

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