Cómo conocer si su hija/o sufre un trastorno de alimentación

Medicina psicosomática, psicología, salud, trastornos mentales, psicoterapia, ansiedad, depresión

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En la década de los años 90 del siglo pasado y durante casi toda la primera década de este siglo, la medicina, la psiquiatría y la psicología no daban abasto, los trastornos alimentarios se extendían como en una verdadera plaga. Esta percepción era unánime: la anorexia y la bulimia se habían convertido en la nueva epidemia entre los adolescentes. Nos explotaron en la cara unos trastornos de la conducta alimentaria implacables, demoledores para la salud y en numerosos casos mortales de necesidad. Lamentablemente hoy no estamos mucho mejor que entonces. Los trastornos de la alimentación continúan siendo patologías graves o muy graves, aunque a diferencia de los años en los que la extrema delgadez estaba de moda (y era promovida por la moda), hemos avanzado notablemente en su detección precoz y por lo tanto en una mayor probabilidad de curación rápida. Sin embargo la delgadez sigue siendo la tarjeta de visita de muchos hombres y mujeres que desean triunfar social y profesionalmente y los mensajes omnipresentes que esta cultura todavía transmite continúan sosteniendo que estar delgado/a es el medio para obtener la felicidad y el éxito. Lo peor de estos mensajes es su capacidad para penetrar la vulnerabilidad psicológica de los niños-adolescentes (también de algunos adultos en relación a la bulimia) originando una presión tal que en numerosos casos los llevan a las conductas de riesgo y de allí al trastorno alimentario. Mayoritariamente estos trastornos afectan al sexo femenino (también hay muchos varones), de entre 12 y 25 años (el mayor riesgo se corre entre los 14 y los 18 años), suelen encontrarse más habitualmente en familias con una situación económica media-alta, aunque los casos los podemos encontrar en cualquier estrato social. La anorexia, particularmente, suele ser un trastorno con un alto riesgo de contagio entre las adolescentes, el deseo de perder kilos produce un efecto de imitación y de complicidad en el ayuno y en la pérdida de peso, de igual manera, cuando la delgadez es causa de admiración entre el colectivo de iguales, el efecto que se produce es el de dominó, por el que un conjunto de pensamientos distorsionadas pasan de unos a otros provocando que acaben enfermos todos los implicados. Las víctimas de la anorexia y de la bulimia poseen un carácter obsesivo parecido que acaba manifestándose en una preocupación constante por el peso y por la dieta. Sin embargo la personalidad de estos enfermos es bien diferente. Las adolescentes anoréxicas (y los adolescentes también) suelen ser perfeccionistas, buenas estudiantes, con un nivel intelectual alto y que suelen evitar los conflictos; su preocupación por la opinión que de ellas tienen los demás es excesiva, así como su autocontrol. Las afectadas (y los afectados) por bulimia suelen ser más impulsivas, intolerantes y con una gran tendencia a la frustración. La adicción a sustancias tóxicas es una característica que comparten ambos trastornos, así como mayor tendencia a la depresión y a la ansiedad. Divorcio de los padres, sobreprotección de los hijos, muerte de un familiar, antecedentes familiares de anorexia o depresión o, incluso, ser el primero o el último de los hermanos se han revelado como factores que pueden empujar a un adolescente con predisposición a sufrir un trastorno de alimentación. Existe consenso entre los especialistas de estas patologías. El tratamiento de los trastornos de la alimentación debe ser multidisciplinario: aspectos nutricionales, psicoterapia, terapia familiar, farmacoterapia, son varias de las medidas que hay que adoptar frente a una anoréxica. Además, la detección precoz siempre juega a favor del paciente. La curación siempre es más fácil cuando el problema se detecta en sus fases incipientes. En este sentido se pondrá especial atención por parte de los padres o personas cercanas a la adolescente, sobre los siguientes indicios:

En los casos de Anorexia:
  • Las cantidades de alimentos que ingieren en las diferentes comidas son cada vez más pequeñas.
  • Evitan comidas familiares con escusas diversas del tipo "he comido Fuera..." "Tengo que estudiar.." "Me duele el estómago..."
  • Alternan cambios de ánimo que van desde la euforia a la melancolía. Humor cambiante.
  • La pérdida de peso empieza a ser evidente y no existe causa concreta que la justifique.
  • Se produce un aumento llamativo de la actividad física y la práctica deportiva.
  • Muestran deseos de preparar la comida y cocinar para toda la familia.
  • Empiezan a demostrar un alto conocimiento de los alimentos, del valor nutricional de los mismos, sus calorías, etc.
  • Niega rotundamente que pueda tener  un problema con la alimentación.
  • Se aísla cada vez más de la familia y de los amigos.
  • Juega con el plato y desmenuza los alimentos.
  • Empieza a restringir la alimentación, evitando alimentos que considera calóricos.
  • Encontramos alimentos (de la comida o la cena) escondidos en su habitación o zonas que frecuenta.
En los casos de bulimia: 

  • Su humor cambia con facilidad. Irritabilidad 
  • Cada vez que come va al baño. 
  • Signos de depresión: pensamientos melancólicos o pesimistas. Ideas de suicidio.
  • Se observa hipertrofia de las glándulas salivares (parótida o submaxilar) generalmente indolora e inicialmente de presencia intermitente. 
  • El vómito recurrente produce erosión dental por la acción de los ácidos gástricos.
  • Aparecen callosidades o excoriaciones (signo de Rusell) ocasionadas por la introducción de los dedos en la boca debido a la conducta purgativa de provocarse el vómito.

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