Enfermos de Nada

Medicina psicosomática, psicología, salud, trastornos mentales, psicoterapia, ansiedad, depresión

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Una de cada diez personas que acuden a la atención sanitaria primaria no tienen nada. Este dato nos pone sobre aviso de la importancia que tiene un trastorno somatomorfo como el de la hipocondría, un problema complejo que habita en la mente de algunas personas y que las puede llegar a incapacitar para desarrollar una vida normal de calidad.
La hipocondría se define como un trastorno caracterizado por molestias diversas, en mayor o menor grado difusas, que afectan al paciente pero que no pueden ser explicadas clínicamente por la presencia de una lesión o patología orgánica, al menos de manera inequívoca, pese a lo cual el paciente está convencido de que padece alguna enfermedad que, en general, predice como grave. El  hipocondríaco padece una afección caracterizada por una gran sensibilidad de su sistema nervioso y preocupación angustiosa por la salud. Desde el punto de vista psicológico estamos, en muchos de los casos, ante una verdadera fobia a la enfermedad. Diferentes teorías postulan que la hipocondría es una enfermedad psicogénica (que tiene su origen en la psique) resultado de cambios en el cerebro al producirse almacenamiento memorístico (la persona almacena toda la información de una determinada enfermedad como si la padeciera). La hipocondría es, asimismo, una enfermedad psicosomática, lo cual significa que el “enfermo” tiende a agudizar y maximizar situaciones de enfermedad común, es decir, una gripe puede acabar viviéndose como una neumonía. Pequeñas heridas, dolores de cabeza, trastornos del sueño, palpitaciones, son anticipaciones de pánico y miedo para estas personas.
La percepción que suelen tener los demás sobre una persona hipocondríaca es de que son narcisistas y egoístas. Esta impresión nos la produce el hecho de que se trata de personas demasiado pendientes de ellas mismas y porque no comprendemos, o lo hacemos demasiado tarde, que ésta “enfermedad de nada” es en sí misma una enfermedad tremendamente incapacitante y muy dañina sobre la psicología del individuo y también sobre las partes orgánicas somatizadas. Un rasgo de personalidad característica de estos pacientes es también la hipersensibilidad a las críticas.  Acostumbran a ser personas materialistas, que se centran obstinadamente en lo que tienen, sufriendo constantes estados continuos de insatisfacción personal y de depresión. El proteccionismo y la educación de los niños basada en el miedo suele propiciar la hipocondría en la juventud y en la edad adulta.

Como hemos comentado, la depresión suele ser la consecuencia psicopatológica más grave de la hipocondría crónica, aunque la mayoría se niegan a admitir esta posibilidad, lo que acarrea que muchos hipocondríacos comiencen a saltar de médico en médico, de exploración en exploración, de análisis en análisis, (estos enfermos se convierten en especialistas en tomarse el pulso, la temperatura, la tensión arterial) buscando la evidencia de patología orgánica que les libere de tener que aceptar la necesidad de tratamiento psicológico o psiquiátrico. Por lo general el hipocondríaco cree padecer dos enfermedades graves, de las que conoce bastante bien, al menos de una de ellas, su sintomatología y etimología (estos son criterios imprescindibles para la Organización Mundial de la Salud, para poder considerar a un paciente como hipocondríaco).

¿Cómo podemos tratar la hipocondría?

El hecho de que estemos ante una patología que dificulta, cuando no impide, que la persona pueda realizar una vida cotidiana normal, degenerando habitualmente en cuadro de Trastorno Obsesivo-Compulsivo, en consecuencia, el tratamiento de la hipocondría es psicológico.
Lo primero, como es obvio, es asegurarse de que el paciente no padece ninguna enfermedad física real.
Lo que más éxito ha tenido en esta patología es la terapia cognitivo-conductual, aplicándosele alguna de las técnicas que construyen este modelo de psicoterapia en relación al diagnóstico de cada paciente individualmente. En algunos casos extremos puede necesitarse la colaboración de medicación ansiolítica. En síntesis, el tratamiento persigue conseguir la pérdida del miedo a la enfermedad y a la expectativa de muerte asociada a la misma, para ello, la técnica o técnicas utilizadas plantean una serie de tareas y prohibiciones (que deben contar con la colaboración de la familia), y una terapia de exposición en la que se busca el reaprendizaje del paciente, separándolo de todo aquello que le recuerde sus enfermedades, solicitándole que no acuda ningún médico ni se haga atender por ningún servicio asistencial, que deje de hablar de enfermedades y que tampoco consulte publicaciones médicas, libros, revistas, etc.
Barsky y colaboradores (Barsky, Geringer y Wool, 1988; Barsky, 1996) presentaron una terapia que denominaban cognitivo-educativa; su meta es “aprender acerca de la naturaleza, percepción e informe de síntomas físicos y acerca de los factores psicológicos que amplifican el malestar somático”. En otras palabras, mejorar la capacidad de afrontar los síntomas y reducir la limitación funcional.
Lecturas de interés recomendada sobre la Hipocondría, su tratamiento y cura:

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