El consumo de tabaco como automedicación de depresión/ansiedad desde la juventud
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La adolescencia y la juventud son etapas vitales asociadas con el debut en el consumo de substancias psicoativas, incluyendo el tabaco, y también con el incremento de problemas de salud mental. La mayor parte de los trastornos mentales se producen antes de los 25 años de edad y, entre ellos, los del espectro depresivo ansioso adquieren un carácter central por sus implicaciones clínicas, sociales y laborales, como suicidio, desajuste social, absentismo laboral, cronicidad, adicciones y trastorno mental severo en la vida adulto.
Los síntomas depresivos y/o ansiosos y el consumo de tabaco son dos fenómenos que están asociados entre sí, aunque esta relación ha sido y continúa siendo objeto de polémica. No obstante existe consenso general entre los diferentes profesionales de la salud, a propósito de que la depresión predice el hábito del tabaco y, a la vez, de que fumar predice la aparición de síntomas depresivos. Esta relación viene reforzada por realidades contextuales como la familia o el grupo de iguales donde existe mayor vulnerabilidad a la iniciación al hábito tabáquico y al consumo compulsivo del mismo. Los individuos afectados por este problema se inician en el consumo de tabaco o fuman ya habitualmente por los efectos moduladores y de reducción en la intensidad de los malestares de este espectro, es decir, fumar buscar resolver o modular las respuestas a los estados emocionales de depresión o stress. Existe evidencia que los jóvenes con depresión mayor suelen ser grandes consumidores de tabaco y mayor dependencia nicotínica en relación con los no afectados por estos trastornos del ánimo. Lo que ocurre y al contradice esta creencia de automedicación vía tabaco fumado, es que la realidad nos advierte que el consumo de tabaco es una conducta de riesgo a padecer depresión y como ésta, en muchos casos, responde a factores de desigualdad social. No obstante, y al margen de la posible asociación entre tabaco y depresión y/o ansiedad, tanto un fenómeno como el otro por sí solos tiene relevancia por sus implicaciones en la saludo de los jóvenes, incluyendo los efectos a largo plazo.
