Los e-cigarrillos pueden contener más cancerígenos que los cigarrillos
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Hace unos meses se publicó en
Japón un estudio en el que se aseguraba que los cigarrillos electrónicos pueden
contener más agentes cancerígenos que
los cigarrillos de combustión, los confeccionados tradicionalmente con tabaco.
En algunas marcas de e-cigarrillos se estaría hablando de hasta 10 veces más.
Por lo general estas sustancias químicas capaces de provocar alteraciones
celulares cancerígenas son formaldehidos
y acetaldehídos, en forma líquida. Hay que tener en cuenta no obstante, que los cigarrillos electrónicos son un fenómeno relativamente nuevo y las investigaciones realizadas hasta el momento todavía no son muy numerosas y a menudo contradictorias con otros estudios que muestran efectos positivos.
Sobre el uso del cigarrillo
electrónico como una herramienta para dejar de fumar tabaco, existen posiciones
encontradas, si bien las más favorables al uso del e-cigarrillo como técnica
para abandonar la adicción al tabaco es más una estrategia de marketing directo
que una verdad contrastada. No olvidemos que, si bien las sustancias adictivas
y patológicas que contiene el cigarrillo electrónico son menores en cantidad
que la que contiene un cigarrillo tradicional, la frecuencia con que se “vaporiza”,
es decir, se inhala el vapor de agua y los líquidos mezclados en él, tiende a
ser muy superior a la media de cigarrillos que quema un fumador habitual y, en
algunos casos (existen actualmente más de 450 tipos diferentes de cigarrillos
electrónicos disponibles), la cantidad de nicotina que se ingiere suele ser
mayor que en el fumador de tabaco moderado. En consecuencia, parece claro que
fumar o vaporizar son conductas perjudiciales para la salud por sí mismas, sin
necesidad de que andemos comparando la una con la otra. Además el componente
psicopatológico y psicosomático asociado al consumo de tabaco, tampoco se
consigue superar con el uso de e-cigarrillos. Son muchos los que quieren o
necesitan considerar el consumo de líquidos vaporizados como una forma de dejar
de fumar. Naturalmente, quien así considerar la “vaporización”, suele preferir
obviar los riesgos para la salud que tiene esta conducta. Un dato que nos pone
sobre la pista de la utilidad terapéutica del cigarrillo electrónico es
que, a día de hoy, el e-cigarrillo
influye tanto en el abandono del hábito de fumar como los parches de nicotina, es decir, muy poco.
Si bien la industria farmacéutica anda como loca porque cataloguen a este
ingenio como medicamento y controlar los beneficios de los productos en los que
los humanos ponemos tantas esperanzas, ilusiones para dejar de fumar, y que por lo general no hacen sino aumentar
nuestros sentimientos de fracaso y desesperación al no conseguirlo, después de
lo cual sabemos lo que ya sabíamos, que dejar de fumar es difícil o muy difícil. Pero
también sabemos que dejar de fumar sólo se consigue dejando de fumar y
pasándolo muy mal por ello y en muchos casos teniendo recaídas que obligan a
volver a empezar. Pero amigos, el éxito suele ser la suma de algunos fracasos.
Los datos del estudio del Ministerio de Sanidad de Japón los pueden encontrar en:
