Los estragos de las emociones prohibidas

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A Propósito de Ti y de Mí
SocioPsicología HOY
Los trastornos emocionales en su conjunto, suelen ser el estrato de las enfermedades psicosomáticas
No son pocas las personas que se pasan la
vida “encajando” y “cerrando la válvula de sus emociones”, callando ante la
inquina de un jefe tóxico, desconcertada por relaciones familiares convulsas o aguantando
humillaciones, observaciones desagradables y comentarios despectivos o minusvalorantes, teniendo ante
todo ello que ocultar la manifestación del orgullo y tragarse las lágrimas. Todos,
en una u otra medida, hemos vivido alguna relación o pasado una situación en la
que hemos tenido que abortar nuestra cólera, “tragar quina” y camuflar nuestros
miedos. En muchas de estas ocasiones finalmente acabamos por convencernos de
que “no es nada” o de que “ya pasó”, y hasta llegamos a creernos que las
emociones se evaporan, son inconsistentes y, como tal, despreciables. Se trata
de reacciones inapropiadas con las que tratamos de encubrir un dolor. Pero, ¿es
posible despreciar una emoción y esperar que desaparezca sin dejar rastro? La
psiconneuroinmunología nos dice
totalmente lo contrario. Esta disciplina científica que estudia las estrechas
relaciones existentes entre las emociones, las hormonas y los mecanismos
inmunológicos, nos advierte que: determinadas emociones, como el amor o la
alegría, son beneficiosas para nuestra salud, mientras que otras representan
desequilibrio para nuestro organismo y nuestra salud mental, convirtiéndose en
un verdadero peligro en forma de tensión permanente y secreción hormonal descontrolada;
tanto lo uno como lo otro son causa de que padezcamos enfermedades
psicosomáticas. En efecto, hoy ya sabemos sobradamente que la tristeza, la
cólera o el miedo son causa de que nuestras glándulas segreguen
descontroladamente adrenalina y cortisol, hormonas de estrés. Si pasamos con
frecuencia por conflictos emocionales, cabe hacerse la pregunta: ¿cuántas veces
al día ponemos en marcha este peligroso mecanismo? La sobre administración de
adrenalina y cortisol (exceso de impulso y exceso en el mantenimiento de este
impulso) produce efectos perjudiciales importantes como cansancio (o incluso
extenuación), dolor físico, falta de concentración, problemas de memoria,
irritabilidad y agresividad, y trastornos del sueño, entre otros.
Mantener cautivas las emociones inhibidas
conlleva un gasto de energía que probablemente estará detrás de ese cansancio
que arrastra desde hace tiempo, de las frecuentes migrañas, ardores de estómago
y úlceras, de sus dolores de espalda y de sus depresiones. La sobre estimulación
hormonal subyace también a los conflictos de personalidad y a la deconstrucción
de las relaciones sociales. Se nos olvida con demasiada frecuencia que lo que
nos une a los seres humanos no es un lenguaje, una religión, cultura o educación;
no es una nación, ni una ideología. Lo que hace semejantes a hombres y mujeres
son las emociones y sus manifestaciones. Las emociones nos igualan, son nuestra
dimensión humana común. Las emociones dirigen nuestras vidas y cada emoción tiene
su función en el transcurso de las incertidumbres e incidentes de nuestra
existencia.
